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Un trip

Fuimos en un bus a Trípoli. La carretera, como el bus, estaban desiertas. La conversación comenzó con cineastas perdidos, ciencia ficción y proyectos modernistas como escenografías futuristas.  Al llegar a Trípoli, yo me sentí en algún pueblo inóspito de las montañas de Colombia, donde también se ven sólo hombres en las calles, cafés sin orinales y un cierto aire de "conflicto" que parece nublarlo todo. Suenan las balas a lo lejos. Yo las confundí al principio con pólvora, porque por acá en el oriente medio aman también la pólvora, suena todo el tiempo y una no sabe qué tipo de pólvora es. Tomamos café debajo de un viñedo seco, donde no había baño para mí y luego fuimos llendo hacia el puerto a Al Mira, cerca de donde queda la Feria mundial construida por Oscar Neimeyer en la década de los 70's, que se quedó sin acabar de construir porque comenzó la guerra del 75.
El guardia informal de la entrada no nos dejó entrar porque éramos un chico y una chica y en ese lugar la gente parece que va a besuquearse y quién sabe a que más, entre las ruinas. Comenzamos entonces a darle la vuelta al lugar, nuestra razón de visita dominguera a Trípoli. Pensamos como vengarnos del señor de la entrada entrando por una de las rendijas de las vayas de protección para protagonizar una película porno dentro, continuando con el tono seriebesco de la conversación general. Abandonamos la idea al ir encontrando tantos caracoles por todas partes, pegados a las paredes de concreto. Caminando nos dimos cuenta que dentro del mismo lote, había un terreno de la onu, donde posiblemente hubo alguna vez un campo de refugiados o -un proyecto fallido de-,  la feria de Neimeyer y un complejo hotelero como ochentero. Así es Al Mira, así es el Líbano, un país chiquitico (más que el valle del cauca) con una historia inmensa, donde esas alegorías al mundo moderno se encuentran por todas partes.


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